La tragedia que nos ha dejado los terremotos de San Juan apenas comienza, y aunque el dolor es profundo, nuestra respuesta lo ha sido aún más. Hoy, quiero hablarles desde el corazón.
Hemos tenido que movernos, adaptarnos y resistir, en esta primera fase. Ya no operamos en el Parque del Este; nuestra trinchera de esperanza se ha trasladado al Centro de Acopio y a los refugios, lugares que iremos informando a medida que las necesidades de las víctimas nos llamen.
Quiero hacer una pausa necesaria. Los funcionarios de la Alcaldía de Sucre han reconocido nuestra labor, y no porque busquemos aplausos, sino porque el compromiso con las víctimas ha sido nuestra única bandera. No venimos aquí a alardear de títulos; venimos a poner el cuerpo y el alma.
Somos, ante todo, seres humanos con nuestras fragilidades, pero frente a esta catástrofe, hemos demostrado que tenemos una FORTALEZA de titanio.
Me siento profundamente orgulloso de nuestro gremio. Somos pequeños en número, sí, pero GRANDE en empatía. Me llena de esperanza ver a nuestro semillero de futuros colegas de la Simón Rodríguez, Rómulo Gallegos, Unasur y la UCV trabajando hombro a hombro con nosotros. En esta primera fase, hemos crecido entre las ruinas, convirtiendo la adversidad en un lazo de hermandad donde la familia y los amigos de cada uno de ustedes ya son parte de nuestra propia familia.
Mencionar nombres individuales es injusto porque esta es una obra de todos, sin embargo permítanme nombrar algunas individuales, desde la incansable Alba, pasando perseverancia de Iraida y Josseira, la constancia Dania, Oswaldo, Luis, Ricardo, Víctor y ese pilar en el centro que ha sido Rodrigo. Me perdonan por omitir a los colegas que no he nombrado por favor, sin embargo, le ruego a Dios que llene de bendiciones a sus hogares porque con su entrega profesional sin ellos esta misión no habría sido posible, por supuesto a la clínicas veterinarias que han apoyado esta noble labor y a la empresa privada (que detrás hay un médico veterinario sintiente). El nombre más importante aquí es el del equipo que hemos engranado.
Permítanme expresarlo con el orgullo de quien ve a los suyos en acción: ¡Qué arrechos somos!
La tragedia es grande, pero nuestro corazón lo es más.
Necesitamos contar con todos, porque esta labor apenas inicia y la unión es nuestra mejor herramienta para sanar.
Seguimos adelante, porque juntos, somos invencibles.
José Ibrahim
